El Rey Lear
El Rey Lear EL CONDE DE KENT.—La naturaleza extenuada se ha amodorrado. El sueño podrá derramar dulce bálsamo en sus doloridas entrañas. (Al BUFÓN.) Vamos, ayúdame a llevar a tu señor; no debes quedar rezagado.
EL CONDE DE GLOUCESTER.—¡Ea! ¡Vamos, vamos!
Salen conduciendo al rey. EDGARDO queda solo.
EDGARDO.—Cuando vemos a hombres de superior jerarquÃa compartir nuestros males e infortunios, casi damos al olvido los propios. Quien sufre solo, sufre sobre todo en su alma, considerando a los demás exentos de penas y nadando en venturas. ¡Cuán soportables me parecen ahora mis desdichas, viendo al rey agobiado de mayores infortunios! ¡Ea, Tom, sal de aquÃ, presta el oÃdo a ese rumor que se escucha, y descúbrete! Renuncia a la falsa opresión que te ofuscaba; ya lo ves, contradicho por tu propia experiencia; reconcÃliate contigo mismo. Suceda lo que plazca al destino, con tal que el rey se salve. Observemos, observemos. (Sale.)