El Rey Lear
El Rey Lear EL CONDE DE GLOUCESTER.—¡Mujer perversa! Esos cabellos blancos que me arrancas, se animarán para acusarte. Vuestro huésped soy, y esas manos bárbaras no deberÃan ultrajar asà la faz de un hombre que os da asilo. ¿Qué pretendéis?
EL DUQUE DE CORNUALLES.— ¡Abreviemos! ¿Qué cartas habéis recibido últimamente de Francia?
REGAN.—Sed exacto en vuestra contestación, pues sabemos la verdad.
EL DUQUE DE CORNUALLES.—¿Qué inteligencia tenéis con los traidores que han desembarcado en este reino?
REGAN.—¿A qué manos habéis confiado a ese rey demente? Decid.
EL CONDE DE GLOUCESTER.—He recibido una carta que sólo encierra vanas conjeturas; procede de un prÃncipe que no es enemigo vuestro; permanece neutral.
EL DUQUE DE CORNUALLES.—Artificio.
REGAN.—Mentira.
EL DUQUE DE CORNUALLES.—¿A dónde han enviado al rey?
EL CONDE DE GLOUCESTER.—A Douvres.
REGAN.—¿Por qué a Douvres? ¿No te habÃamos encargado, so pena de…?
EL DUQUE DE CORNUALLES.—Dejad que conteste a lo primero. ¿Por qué a Douvres?
EL CONDE DE GLOUCESTER.—Estoy atado al potro y he de aguantar todos los ultrajes.