El Rey Lear

El Rey Lear

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LEAR.—Callaos, Kent. No os coloquéis entre el león y su furor. La amé con ternura y esperaba confiar el reposo de mis ancianos días a los cuidados de su cariño. (A CORDELIA.) Sal, y aléjate de mí presencia. Que venga el príncipe de Francia y… ¿no se me obedece?… y el duque de Borgoña. Vos, Cornualles, y vos, duque de Albania, repartíos el tercer lote, añadiéndole al dote de mis otras dos hijas. Sírvala a ella de esposo el orgullo que nos vende como ingenuidad. Os invisto a entrambos de mi poder, de mi soberanía y de todas las prerrogativas anejas a la majestad. Nos y cien caballeros que reservamos para nuestra guardia y que se alimentarán a vuestras expensas, viviremos alternativamente en vuestras dos cortes, cambiando cada mes de residencia. Para mí sólo conservo el nombre de rey, los honores a él inherentes; la autoridad, las rentas y la administración del imperio, vuestras son, hijos míos, y para ratificar este contrato, tomad mi corona (Se la entrega.) y repartíosla.

EL CONDE DE KENT.—Augusto Lear, vos, a quien siempre honré como a rey, a quien siempre amo como padre, y a quien siempre seguí como a señor: vos, a quien en mis preces he implorado siempre como a mi ángel tutelar…

LEAR.—Armado está el arco y tendida la cuerda; evitad la flecha.


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