El Rey Lear

El Rey Lear

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

EDGARDO.—Un infeliz abatido por la fortuna a costa de dolores y cuyo corazón, aquilatado por los males pasados y presentes, respira piedad por los ajenos. Dadme la mano y os conduciré a un asilo.

EL CONDE DE GLOUCESTER.—Gracias de todo corazón, recompénsente con creces la bondad y la bendición del cielo.

Entra el INTENDENTE.

EL INTENDENTE.—¡Feliz encuentro! La cabeza de ese viejo fue creada para fundar mi encumbramiento. ¡Mísero traidor! Alzada está la espada que debe destruirte; recoge tu alma y aprisa.

EL CONDE DE GLOUCESTER.—Descargue con fuerza tu caritativa mano el golpe mortal. (EDGARDO se opone.)

EL INTENDENTE.—¿Cómo te atreves, insolente rústico, a defender a un traidor público? ¡Largo de aquí, si no quieres que su compañía te valga idéntico fin! Suelta su brazo.

EDGARDO.—No quiero.

EL INTENDENTE.—Suéltalo, miserable, o mueres.

EDGARDO.—Alejaos, bravo gentilhombre, y dejad pasad a los pobres; no toquéis a este anciano, si no queréis que vuestra cabeza trabe relaciones con mi bastón.

EL INTENDENTE.—¡Largo de aquí, estiércol!

EDGARDO.—Si dais un paso, os salto los dientes; ved qué caso hago de vuestras bravatas. (Lo derriba.)


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker