El Rey Lear
El Rey Lear EL INTENDENTE.—¡Me mataste, vil esclavo! Toma mi bolsa y si tienes corazón entierra mi cuerpo y entrega en propias manos a Edmundo, conde de Gloucester, las cartas que yo le llevaba; lo encontrarás en el ejército bretón. ¡Oh muerte prematura! (Muere.)
EDGARDO.—Te reconozco, oficioso agente de tu ama, cuyos criminales intentos secundabas; tan cobarde eras como puede serlo la maldad.
EL CONDE DE GLOUCESTER.—¡Cómo! ¿Le mataste?