El Rey Lear
El Rey Lear EDMUNDO.—No lo sé, positivamente. Dignaos suspender vuestro enojo contra mi hermano hasta que podáis oÃr de sus labios pruebas mas positivas de sus intenciones. Eso será lo más seguro y regular, pues si procediendo violentamente contra él os engañaseis en lo tocante a sus designios, esta equivocación causarÃa una profunda herida en vuestro honor y aniquilarÃa el sentimiento de obediencia en el corazón de mi hermano. Respondo con mi vida y salgo garante de que no ha escrito esta carta sino con ánimo de poner a prueba mi afecto por vos y sin ningún proyecto peligroso.
EL CONDE DE GLOUCESTER.—¿Lo crees as�
EDMUNDO.—Si lo estimáis conveniente, os colocaré en un sitio desde donde podréis oÃrnos conversar sobre esta carta y satisfaceros por vuestros propios oÃdos; y eso, esta noche misma.
EL CONDE DE GLOUCESTER.—No es posible que su pecho albergue un corazón tan monstruoso.
EDMUNDO.—Ciertamente que no.
EL CONDE DE GLOUCESTER.—¡Atentar contra su padre que le ama con tanta ternura y sin reserva! ¡Cielos y tierra! ¡Ve a su encuentro, Edmundo, facilÃtame el medio de leer en su alma! Quisiera olvidar ahora que soy padre, para juzgar con fallo imparcial.
EDMUNDO.—Voy a ver si doy con él. Llevaré el asunto conforme a los medios de que puedo disponer y os daré puntual conocimiento de todo.