El Rey Lear
El Rey Lear EDMUNDO.—Soñaba, hermano, con una predicción que leà el otro dÃa sobre los fenómenos que debÃan seguir a estos eclipses.
EDGARDO.—¿Y os preocupan tales quimeras?
EDMUNDO.—DÃgoos que los efectos de que habla este libro se realizan, desgraciadamente, con demasiada exactitud. Contiendas desnaturalizadas entre el hijo y el padre; muerte, epidemia, desunión de antiguas amistades, divisiones en el Estado, amenazas y maldiciones contra el rey y los nobles, desconfianza sin motivo, destierro de amigos, dispersión de cohortes, infidelidades en los matrimonios y qué sé yo.
EDGARDO.—¿De cuándo acá te hiciste sectario de la astronomÃa?
EDMUNDO.—Dejemos esto. ¿Cuánto tiempo hace que no has visto a nuestro padre?
EDGARDO.—Anteayer le vi.
EDMUNDO.—¿Y hablaste con él?
EDGARDO.—SÃ, dos horas largas.
EDMUNDO.—¿Os separasteis en buena armonÃa? ¿Notaste en él algún signo de descontento en sus palabras o en su actitud?
EDGARDO.—Ninguno.