El Rey Lear
El Rey Lear LEAR.—¿Qué ha dicho ese hombre al pasar? Llamadle. ¿Dónde está mi bufón? ¿Hola? ¡Parece que aquà todos duermen! ¿Qué hay? ¿A dónde va ese insolente?
EL CABALLERO.—Dice, señor, que vuestra hija está indispuesta.
LEAR.—¿Y por qué ese esclavo no ha vuelto atrás cuando le he llamado?
EL CABALLERO.—Me ha dicho con la mayor frescura que no le daba la gana.
LEAR.—¡Que no le daba la gana!
EL CABALLERO.—Ignoro, señor, qué motivo tendrá para ello; pero, a mi entender, vuestra alteza no es acogido con aquella afectuosa cortesÃa de antes. El celo y la amistad se han entibiado aquà bastante, y este cambio no sólo se advierte en la servidumbre, sino en el mismo duque y en vuestra hija.
LEAR.—¡Ah! ¿Lo crees as�
EL CABALLERO.—Os ruego, señor, que me perdonéis si me equivoco; pero mi deber me impide callar cuando veo que ofenden a vuestra alteza.