El Rey Lear
El Rey Lear LEAR.—(A parte.) Yo la injurié.
EL BUFÓN.—¿Puedes tú decirme cómo forma su concha la ostra?
LEAR.—No.
EL BUFÓN.—Ni yo tampoco; pero en cambio te diré por qué razón el caracol arrastra su vivienda.
LEAR.—¿Por qué, hijo mÃo?
EL BUFÓN.—Para ocultar en ella la cabeza, y no abandonarla al capricho de sus hijas, ni quedarse sin asilo.
LEAR.—Quiero olvidar mi bondad natural. ¡Un padre tan cariñoso! ¿Están listos mis caballos?
EL BUFÓN.—Tus asnos están listos ¿Por qué las siete cabrillas no son más de siete?[1]
LEAR.—Porque no son ocho.
EL BUFÓN.—¡Bravo! ¡SerÃas un bufón excelente!
LEAR.—¡Privarme de la mitad de mi guardia a pesar mÃo! ¡Monstruo de ingratitud!
EL BUFÓN.—Si tú fueses mi bufón, tÃo, ya te habrÃa castigado por haber envejecido antes de tiempo.
LEAR.—¿Qué dices?
EL BUFÓN.—Porque no habrÃas debido envejecer antes de ser cuerdo.
LEAR.—¡Cielos bienhechores! ¡No permitáis que me vuelva demente! ¡Conservad mi razón en buen estado! ¡No quisiera volverme loco! (Entra un GENTILHOMBRE.) ¿Están ya dispuestos los caballos?