El Rey Lear
El Rey Lear LEAR.—No me sigáis; esperadme. (Sale.)
EL GENTILHOMBRE.—¿No habéis cometido más falta que la que acabáis de indicar?
EL CONDE DE KENT.—No. Pero ¿por qué viene el rey con séquito tan poco numeroso?
EL BUFÓN.—Si te hubiesen puesto en el cepo por esta pregunta, merecido lo tendrÃas.
EL CONDE DE KENT.—¿Por qué, bufón?
EL BUFÓN.—Te llevarÃamos a la escuela de la hormiga para enseñarte que en invierno no se trabaja. Todos los que siguen a su nariz, son guiados por los ojos, exceptuando los ciegos; de veinte narices, no hay una siquiera capaz de sentir y distinguir de dónde parte el olor infecto. Si tienes en la mano una rueda grande, suéltala cuando con ella bajes de la montaña, si no quieres, siguiéndola, descalabrarte; pero si ves subir y elevarse algún gran personaje, aférrate a él y te subirá consigo.
EL CONDE DE KENT.—¿Dónde aprendiste eso, bufón?
EL BUFÓN.—De seguro que no fue en el cepo.
Vuelve LEAR con el CONDE de GLOUCESTER.
LEAR.—¡Negarse a hablar conmigo! ¡Están enfermos, fatigados, han viajado toda la noche! Pretextos vanos, indicio de rebelión y desacato. Dame otra respuesta mejor.