El Rey Lear
El Rey Lear LEAR.—El rey quiere hablar con Cornualles; un tierno padre quiere conversar con su hija, exigiendo de ella obediencia. ¿Se lo has manifestado asÃ? ¡Su arrogancia! ¡Arrogancia del duque! ¡Por mi sangre y por mi vida! Ve a decir a ese duque tan terrible… mas, no, todavÃa no; quizá se halla indispuesto. En nuestros achaques, olvidamos todos los deberes inherentes a la salud. Dejamos de ser lo que somos, cuando la naturaleza, oprimida por el dolor, ordena al alma que sufra con el cuerpo. Quiero tranquilizarme; me dejé llevar de la violencia de mis sentimientos, achacando a terquedad de su parte una indisposición, un momento de malestar. ¡Maldición sobre mi estado! (Mirando a KENT.) Pero ¿por qué está aquà ése? La brusca partida del duque y su mujer anuncia una oculta trama. Desligad a mi buen servidor. Ve y diles al duque y a su mujer que quiero hablar con ellos inmediatamente. Ordénales que salgan y vengan a oÃrme, o bien haré redoblar los tambores a la puerta de su habitación hasta que clamen: Dormidos por toda la eternidad.
EL CONDE DE GLOUCESTER.—Quisiera que entre vosotros reinase la mejor armonÃa. (Sale.)
LEAR.—¡Corazón, corazón mÃo, no te subleves! ¡Cállate!