El Rey Lear
El Rey Lear Castillo del conde de Gloucester
Entran el DUQUE de CORNUALLES y EDMUNDO.
EL DUQUE DE CORNUALLES.—Quiero vengarme de él antes de abandonar su castillo.
EDMUNDO.—Sin embargo, señor; podrÃan imputarme como crimen el haber sofocado la voz de la naturaleza en aras de la fidelidad a mi prÃncipe. Tal idea me causa algún escrúpulo.
EL DUQUE DE CORNUALLES.—Ahora comprendo que no fue tan depravado vuestro hermano, cuando quiso atentar a su vida. Sin duda su mérito menospreciado se irritó contra la malignidad de ese perverso.
EDMUNDO.—¡Cuán cruel es mi destino, que haya de arrepentirme de ser justo! SÃ, aquà está la carta de que me habló; demuestra que está de acuerdo con los franceses, cuyos intereses sirve. ¡Oh dioses! ¡Por qué no precavisteis esta traición, y por qué no elegisteis a otro para delatarla!
EL DUQUE DE CORNUALLES.—SÃgueme a la habitación de la duquesa.
EDMUNDO.—Si son ciertas las noticias que encierra esa carta, no serán pocas sus consecuencias.
EL DUQUE DE CORNUALLES.—Falsas o verÃdicas, te han hecho conde de Gloucester. Descubre el paradero de tu padre, y procuremos apoderarnos de su persona.
