El Sueño de una noche de verano
El Sueño de una noche de verano TITANIA.—Pues entonces deberÃa ser yo tu señora. Pero yo sé cuando te has deslizado fuera de la tierra de las hadas y has pasado todo el dÃa sentado en forma de Corino el pastor, tocando flautas de tallo de maÃz y cantando versos de amores a la enamorada FÃlida. ¿Por qué te encuentras aquà habiendo venido desde la más remota llanura desierta de la India? Solamente, a fe mÃa, porque la altiva amazona, vuestra turbulenta señora y amante guerrera, debe desposarse con Teseo, y venÃs a dar alegrÃa y prosperidad a su lecho.
OBERÓN.—¿Cómo puedes tener la insolencia, de aludir asà a mi valimiento con Hipólita, cuando sabes que conozco tu amor por Teseo? ¿No eres tú quien lo guio en la estrellada noche lejos de Perigenio, a quien habÃa reducido? ¿Y no le hiciste quebrantar su promesa a la hermosa Eglé, y a Ariadna, y a AntÃope?