Enrique IV Partes I y II
Enrique IV Partes I y II «¿Dónde? ¿Quién es Bolingbroke?» Entonces,
robándole al cielo toda su gentileza,
me revestía de tanta humildad
que me ganaba el corazón de todos
y de su boca arrancaba aclamaciones,
aun en presencia del legítimo rey.
Así mantuve siempre nueva mi persona:
cual si fuera un hábito pontifical,
la veían y se asombraban, y mi esplendor,
infrecuente pero regio, lucía como una fiesta
y cobraba grandeza por lo raro.
El liviano rey andaba aquí y allá
con graciosos sin seso e ingenios chispeantes
que brillan y se apagan. Rebajó
y mezcló su realeza con bufones
cuyo escarnio profanaba su alto título,
cedió su autoridad, en daño de su nombre,
por reírse con mozos burlones y encajar
las pullas de cualquier frívolo imberbe,
se volvió compañero de la calle
y al pueblo se entregó como un vasallo.
Como todos le veían hasta saciarse,
se empalagaron de miel y comenzaron
a aborrecer lo dulce, de lo cual
un poco más que poco es demasiado.
Así, cuando tenía que mostrarse,
era como el cuco el mes de junio,