Enrique IV Partes I y II
Enrique IV Partes I y II Gentes de toda especie tienen a gala mofarse de mÃ. El cerebro de este barro compuesto de idiotez, el hombre, no es capaz de inventar nada que invite a la risa, salvo lo que yo invento o lo que inventan sobre mÃ. No sólo soy ingenioso, sino causa del ingenio en los demás. Ando delante de ti como una cerda que ha chafado a toda su camada, menos a uno. Si el prÃncipe no te ha puesto a mi servicio para hacerme resaltar, yo no tengo juicio. Ah, puto renacuajo, mejor te irÃa ser adorno de mi gorro que paje a mis talones. Hasta ahora nunca me ha servido un camafeo, pero no pienso engastarte en oro o plata, sino en pobre ropaje, para devolverte a tu amo como joya —a ese joven de prÃncipe, tu amo, cuyo mentón sigue implume—. Prefiero que me salga barba en la palma de la mano que a él en la cara; pero él no duda en decir que tiene cara de rey. Que Dios la termine cuando quiera; aún no le sobra un pelo. Que la conserve como real: ni seis peniques sacará con ella un barbero. Y, sin embargo, va galleando como si ya hubiera sido un hombre hecho desde que su padre era mozo. Que se quede con su gracia, que conmigo está casi en desgracia, ya lo creo. ¿Qué ha dicho maese Dommelton del raso para mi esclavina y mis greguescos?
PAJE
Que debéis ofrecerle mejor garante que Bardolfo. No acepta su fianza ni la vuestra: la garantÃa no le gustó.