Enrique IV Partes I y II
Enrique IV Partes I y II No, mi señor. Un mal ángel es pesado, y yo espero que quien me mire me acepte sin pesarme. Y, sin embargo, admito que en ciertos aspectos no soy bueno. No sé: en estos tiempos tan mercaderiles la virtud se tiene en tan poco que el valor está en los domadores de feria, la agudeza en los mozos de taberna —cuyo ingenio se les va en hacer cuentas—, y los demás dones propios del hombre, tal como los deforma la maldad de nuestra época, no valen un comino. Vosotros, los mayores, no consideráis las capacidades de nosotros, los jóvenes, medís el ardor de nuestra bilis según el amargor de vuestra hiel, y los que estamos en la vanguardia de la juventud, lo admito, también somos guasones.
JUSTICIA
¿Ponéis vuestro nombre en el censo de los jóvenes, vos, que estáis inscrito como viejo con todos los rasgos de la edad? ¿No tenéis ojos legañosos, manos secas, cara amarilla, barba cana, piernas renqueantes, tripa creciente? ¿No tenéis la voz cascada, el aliento corto, [[la papada gorda,]] la mente simple y cada parte del cuerpo destrozada por los años? ¿Y aun así os llamáis joven? ¡Vamos, quitad, sir Juan!
FALSTAFF