Enrique IV Partes I y II
Enrique IV Partes I y II Pero, mi noble señor de Westmoreland,
yo aquí no pretendo ser un médico,
ni vengo, como enemigo de la paz,
a marchar entre una masa de soldados;
adopto por ahora el rostro de la guerra
para poner a dieta a los enfermos de bonanza
y quitar los estorbos que ya obstruyen
las venas de la vida. Seré más claro:
he sopesado con toda exactitud
los males que causemos y suframos,
y más será nuestro dolor que nuestra ofensa.
Vemos qué curso lleva el río del tiempo,
y nos fuerza a salir de nuestra calma
un áspero torrente de sucesos.
Llevamos un registro de todas nuestras quejas,
que, en su día, expondremos cabalmente;
ya antes al rey se lo ofrecimos,
mas los ruegos no obtuvieron una audiencia:
agraviados, presentamos nuestros males
y nos niegan el acceso a su persona
aquéllos que más nos agraviaron.
Los peligros de unos días muy recientes,
cuyo recuerdo se escribió en la tierra
con sangre aún visible, y los ejemplos
que a cada instante se presentan, ahora mismo,
nos han hecho tomar estas armas tan impropias,
no por romper la paz, ni rama de ella,