Enrique IV Partes I y II
Enrique IV Partes I y II hasta que su ánimo, como ballena varada,
se agote del esfuerzo. Aprende esto, Tomás,
y serás la protección de tus amigos,
el cerco de oro que ciña a tus hermanos,
para que el vaso unido de su sangre,
si recibe el veneno de la murmuración
(que, por fuerza, los tiempos verterán),
jamás pueda agrietarse, aunque actúe
con la violencia del acónito o la pólvora.
CLARENCE
Tendrá todo mi respeto y mi cariño.
REY
¿Por qué no estás con él en Windsor, Tomás?
CLARENCE
Hoy no está allÃ; come en Londres.
REY
¿Y quién está con él? ¿Lo sabes?
CLARENCE
Poins y los demás asiduos compañeros.
REY
Al suelo más fértil le crece más grama,
y él, la noble imagen de mi juventud,
está invadido de ella, asà que mi dolor
se extiende más allá de la hora de mi muerte.
Mi corazón llora sangre al contemplar,
en forma imaginaria, los dÃas sin gobierno
y los tiempos corrompidos que veréis