Enrique IV
Enrique IV ¡Ni hablar! Que le deje la lámpara, dice éste. Antes te veré colgado.
GADSHILL
Oye, arriero, ¿a qué hora piensas llegar a Londres?
ARRIERO 2.°
A tiempo para acostarme con lámpara, no lo dudes. Anda, vecino, vamos a despertar a los señores. Quieren ir acompañados, que llevan mucha carga.
Salen [los ARRIEROS].
GADSHILL
¡Eh, sirviente!
Entra el SIRVIENTE.
SIRVIENTE
«A mano, dijo el ladrón.»
GADSHILL
Eso es como decir «A mano, dijo el sirviente», pues no te diferencias del ladrón más que el capataz del jornalero. Tú das las instrucciones.
SIRVIENTE
Buenas noches, maese Gadshill. Lo que os dije anoche se mantiene. Un hacendado de la parte de Kent se ha traído doscientas libras en oro. Oí que se lo decía a uno de su grupo anoche en la cena, una especie de auditor, también con mucha carga —sabe Dios de qué—. Ya están levantados y pidiendo huevos con manteca. Se van en seguida.