Enrique IV
Enrique IV Ahora estoy para todos los humores que en el mundo han sido desde los viejos tiempos de nuestro buen Adán hasta la tierna edad de estas doce horas de la medianoche.
[Entra FRANCISCO.]
¿Qué hora es, Francisco?
FRANCISCO
Voy, voy, señor.
[Sale.]
PRÍNCIPE
¡Que éste sea hijo de mujer y tenga menos palabras que un loro! Su ocupación es arriba y abajo; su elocuencia, las partes de una cuenta. Yo no tengo el talante de Percy, el Hotspur del norte, que se mata seis o siete docenas de escoceses antes del desayuno, se lava las manos y le dice a su mujer: «¡Malhaya esta vida tranquila, quiero trabajo!» «¡Ah, mi buen Enrique!», dice ella. «¿A cuántos has matado hoy?» «¡Dadle de beber a mi caballo ruano!», dice él, y al cabo de una hora contesta: «A unos catorce. Poca cosa, poca cosa.» Anda, que entre Falstaff. Yo haré de Percy, y ese maldito cebón, de su mujer, la señora Mortimer. «¡Rivo![29]», dice el borracho. Que pase el Grasas, que pase el Sebo.
Entran FALSTAFF, [GADSHILL, BARDOLFO y PETO, seguidos de FRANCISCO llevando vino].
POINS
Bienvenido, Falstaff. ¿Dónde has estado?