Enrique IV
Enrique IV FALSTAFF
¡Mala peste a los cobardes, digo yo, y la venganza! ¡Eso y amén! — Ponme un vaso de jerez, muchacho. Antes que seguir llevando esta vida, prefiero hacer calceta, zurcirla y aun hacerle el pie. ¡Mala peste a los cobardes! — Ponme jerez, bergante.— ¿Es que no queda bravura?
Bebe.
PRÍNCIPE
¿Tú has visto alguna vez al Titán[30] besar un plato de manteca —¡compasivo Titán!— que se derretía ante el dulce relato del sol? Si lo has visto, mira esa mezcla.
FALSTAFF
¡Ah, granuja, es jerez adulterado! — No hay más que granujería en un canalla, pero un cobarde es peor que un jerez adulterado. ¡Un cobarde canallesco! Adelante, Falstaff, muere cuando quieras. Si la hombría, la hombría de verdad, no se ha esfumado de la faz de la tierra, yo soy un arenque seco. Ya no quedan por ahorcar en Inglaterra más que tres hombres de verdad, y uno de ellos está gordo y envejece. ¡Dios valga a estos tiempos! Mal mundo, digo yo. Ojalá fuese tejedor. Cantaría salmos o algo así. Repito: ¡mala peste a los cobardes!
PRÍNCIPE
¿Qué dices, fardo de lana? ¿Qué murmuras?
FALSTAFF