Enrique IV
Enrique IV Pero decir que en él hay más mal que en mí mismo sería decir más de lo que sé. Que ya es mayor, es lástima, sus canas lo atestiguan, pero, con el debido respeto, que sea un putero, lo niego rotundamente. Si el jerez endulzado es una falta, ¡Dios asista a los malvados! Si ser viejo y alegre es pecado, entonces se condena más de un viejo posadero. Si por estar gordo han de odiarte, entonces hay que amar a las vacas flacas del faraón. No, mi buen señor. Desterrad a Peto, desterrad a Bardolfo, desterrad a Poins, pero al buen Juan Falstaff, al gentil Juan Falstaff, al fiel Juan Falstaff, al audaz Juan Falstaff —y tanto más audaz por ser el viejo Falstaff—, a él no le desterréis de la compañía de vuestro Enrique. Desterrad al orondo Falstaff y desterráis al mundo entero.
PRÍNCIPE
Pues lo hago, lo haré.
[Llaman a la puerta. Salen la POSADERA, FRANCISCO y BARDOLFO.]
Entra BARDOLFO corriendo.
BARDOLFO
¡Ah, señor, señor! A la puerta está el alguacil con una enormidad de guardias.
FALSTAFF
¡Fuera, granuja! — Sigamos hasta el final.— Tengo mucho que decir en favor de ese Falstaff.
Entra la POSADERA.