Enrique IV
Enrique IV ¡Cuñado Percy! ¡Cómo contradices a mi suegro!
HOTSPUR
No puedo evitarlo. A veces me enfada
hablándome del topo y de la hormiga,
de Merlín el visionario y sus pronósticos,
de un dragón y de un pez sin aletas,
de un grifo alicorto y un cuervo que ha pelechado,
de un león tumbado y un gato rampante
y tantísima lata insensata
que uno pierde la fe. ¿Sabéis una cosa?
Anoche me tuvo al menos nueve horas
contando los nombres de los diversos diablos
que le sirven. Sin prestar atención yo decía
«¡Ejem!» y «¡Quita allá!». ¡Ah! Es más aburrido
que el penco cansado o la esposa renegona,
peor que una casa llena de humo. Antes
vivir de queso y ajo en un molino, lejos,
que comer manjares y sufrir su charla
en cualquier casa de recreo de la cristiandad.
MORTIMER
La verdad es que es un digno caballero,
sumamente instruido, y avezado
en las artes ocultas, bravo cual león,
de gran cortesía y más generoso
que la minas de la India. ¿Sabes, cuñado?
Le tiene un gran respeto a tu carácter