Enrique IV
Enrique IV oído sin ser notado; visto, mas con ojos
tan cansados y embotados por el hábito
que no reflejan ese asombro en la mirada
que provoca el sol de la realeza
cuando rara vez reluce ante ojos admirados,
sino que se cerraban soñolientos;
se dormían ante él y ofrecían el semblante
que le pone a su enemigo el hombre hosco
que está de su presencia lleno y harto.
En ese estado, Enrique, te hallas tú,
pues has perdido tu rango principesco
con tus viles compañías. No hay ojos
que no se hayan cansado de tu estampa,
salvo los míos, que deseaban verte más
y que ahora hacen lo que quieren evitar:
anegarse en la más necia ternura.
PRÍNCIPE
Desde ahora, mi augusto señor,
seré más el que soy.
REY
Eres para el mundo lo que antes fue Ricardo
cuando desde Francia yo vine a Ravenspurgh[41]
y Percy es ahora igual que yo era entonces.
Por mi cetro y por mi misma alma,
su mérito le faculta para el trono
más que a ti la sombra de la herencia,
pues, sin derecho ni asomo de derecho,