Enrique IV
Enrique IV FALSTAFF
Claro, si él dijera que mi anillo es de cobre.
PRÍNCIPE
Digo que es de cobre. ¿Te atreves a cumplir tu palabra?
FALSTAFF
Bueno, Hal, sabes que me atrevería si sólo fueras hombre, pero, al ser príncipe, te temo como a un cachorro de león.
PRÍNCIPE
¿Por qué no como a un león?
FALSTAFF
Es al rey al que hay que temer como a un león. ¿Tú crees que yo te temo igual que a tu padre? No: si así fuera, quiera Dios que se me rompa el cinturón.
PRÍNCIPE
Si así fuera, las tripas se te caerían por las rodillas. En tu seno no hay lugar para la fidelidad, la verdad o la honradez: todo él está lleno de tripas y diafragma. ¡Acusar a una mujer honrada de limpiarte el bolsillo! ¡Ah, puto granuja, insolente, hinchado! Si hubiera otra cosa en tus bolsillos que cuentas de taberna, direcciones de burdeles y una pizca de azúcar para darte energía; si no hubiera más riqueza en tus bolsillos que estas pérdidas, yo soy un canalla. Y, sin embargo, te obstinas y no te embolsas la injuria. ¿No te da vergüenza?