Enrique IV
Enrique IV FALSTAFF
Oye, Hal. Sabes que, en su estado de inocencia, Adán pecó. ¿Qué podía hacer el pobre Juan Falstaff en tiempos tan depravados? Tengo más carne que cualquier otro y, por tanto, más flaqueza. Entonces, ¿admites que me robaste?
PRÍNCIPE
Eso es lo que parece.
FALSTAFF
Posadera, te perdono. Anda y prepara el desayuno, quiere a tu marido, vigila a tus sirvientes, mima a tus huéspedes y verás que me avengo a razones. Me contento fácilmente, como ves. Anda, vete.
Sale la POSADERA.
Bueno, Hal, las noticias de palacio: ¿qué hay del robo, muchacho?
PRÍNCIPE
¡Ah, querido cebón! Siempre he de ser tu ángel custodio. El dinero se ha devuelto.
FALSTAFF
Ah, eso de devolverlo no me gusta: es doble trabajo.
PRÍNCIPE
He hecho las paces con mi padre y puedo hacer lo que quiera.
FALSTAFF
Para empezar, roba las arcas del Tesoro, y sin ningún empacho.