Enrique IV
Enrique IV al que menospreciaba por no haceros justicia.
Y lo que mejor le sentaba como príncipe:
dio cuenta humildemente de sí mismo
y censuró su indolente juventud
con la gracia de quien tiene el doble arte
de enseñar y aprender al mismo tiempo.
Ahí se detuvo. Que el mundo lo oiga:
si sobrevive al odio de este día,
nunca hubo en Inglaterra tan grata promesa,
ni, por sus desórdenes, tan mal juzgada.
HOTSPUR
Pariente, creo que os habéis enamorado
de sus locuras. En la vida he oído hablar
de un príncipe más desenfrenado.
Sea como fuere, antes de la noche
le daré tal abrazo de guerrero
que le hará encoger mi cortesía.
¡A las armas! Soldados, amigos, hermanos:
que os mueva mucho más vuestro deber
que mi palabra, pues no tengo la elocuencia
que os persuada y enardezca vuestra sangre.
Entra un MENSAJERO.
MENSAJERO
Señor, traigo cartas para vos.
HOTSPUR
Ahora no puedo leerlas.
¡Ah, señores, qué breve es nuestra vida!