Enrique IV
Enrique IV y calculasteis vuestro azar antes de decir:
«Reclutemos un ejército». Habíais previsto
que vuestro hijo podría morir en la refriega.
Sabíais que se movía sobre peligros, al borde mismo,
que bien podría caer antes que sortearlos;
no ignorabais que su carne no era inmune
a heridas y cicatrices, y que su afán
le arrastraría a la vorágine del riesgo.
Mas dijisteis «¡Adelante!», y nada de esto,
por más que lo entendíais, logró frenar
la acción inapelable. ¿Y qué ha ocurrido
o qué ha creado esta audaz empresa
si no es lo que era de esperar?
LORD BARDOLPH
Todos los afectados por la pérdida
sabíamos qué peligro había en esos mares
y que salvarnos sería de una entre diez.
Con todo, lo arrostramos, pues la ganancia
impedía considerar cualquier peligro;
ahora, estando hundidos, volvamos a arrostrarlo.
Vamos, arriesguémoslo todo, hacienda y vida.
MORTON
Ya es hora; y, mi noble señor,
me consta y me permito decir verazmente
que el noble Arzobispo de York está en armas
con fuerzas bien provistas. Es hombre