Enrique IV
Enrique IV Buscadlo, Warwick, y traedlo amonestado.
[Sale WARWICK.]
Su acción se añade ahora a mi dolencia
y me adelanta la muerte. Hijos, ya veis lo que sois
y qué pronto los lazos naturales se rebelan
cuando el oro se vuelve su objetivo.
Para esto el padre necio y protector
se rompe el sueño con cuidados, la cabeza
con desvelos y los huesos con fatigas;
para esto acopia y acumula
montones corrompidos de oro mal ganado;
para esto se preocupa de enseñar
a sus hijos las artes militares y civiles.
Como abeja que liba en cada flor,
llenos de cera las piernas y de miel la boca,
las llevamos al panal y, como a las abejas,
se nos paga con la muerte. Su cosecha
le trae este gusto amargo al padre moribundo.
Entra WARWICK.
¿Dónde está el que no quiere esperar
a que su amiga la dolencia me dé fin?
WARWICK
Señor, el príncipe estaba en ese cuarto,
bañadas las mejillas de amorosas lágrimas,
con gesto de dolor tan extremado
que la crueldad, que sólo bebe sangre,
al verlo, habría limpiado su cuchillo