Enrique IV
Enrique IV con el llanto. Ahora viene.
REY
Mas, ¿por qué se ha llevado la corona?
Entra el PRÍNCIPE Enrique.
Mirad, aquí llega. Acércate, Enrique.
Salid del cuarto; dejadnos solos.
Salen [todos menos el REY y el PRÍNCIPE].
PRÍNCIPE
Pensé que ya no volveríais a hablar.
REY
Enrique, tu deseo fue el padre de esa idea.
Te hago esperar demasiado, te canso.
¿Tanta hambre tienes de ver vacío el trono
que has de revestirte de mis signos
antes de tu hora? ¡Ah, joven insensato!
Deseas la majestad que ha de abrumarte.
Aguarda un poco: a mi nube de grandeza
la sostiene un viento tan ligero
que muy pronto caerá. Mi día se apaga.
Tú robas lo que dentro de unas horas
sería tuyo sin ofensa, y a punto de morir
le das confirmación a mis temores.
Tu vida ha demostrado que no me querías,
y ahora quieres que muera convencido.
Tu pensamiento escondía mil puñales
que en tu corazón de piedra has afilado
para herir media hora de mi vida.