Enrique IV
Enrique IV ¿No puedes darme ya ni media hora?
Entonces vete y cávame la tumba
y dile a las campanas que doblen en tu oÃdo
por tu coronación, no por mi muerte.
Las lágrimas que han de bañar mi féretro
sean gotas de bálsamo para ungir tu frente,
y a mà mézclame con el polvo del olvido.
Al que te dio la vida dalo a los gusanos,
despide a mis ministros, anula mis decretos:
llegó la hora de reÃrse del decoro.
¡Han coronado a Enrique quinto! ¡Viva lo vano!
¡Muera lo regio! ¡Fuera con los sabios consejeros!
¡Que afluyan a la corte de Inglaterra
de todos lados simios holgazanes!
¡Tierras vecinas, libraos de vuestra escoria!
¿Tenéis algún rufián que jure, beba, baile,
trasnoche, robe, asesine y cometa
los más viejos pecados del modo más nuevo?
Alegraos, ya no os molestará.
Inglaterra dos veces dorará su triple culpa;
Inglaterra le dará un cargo, honor, poder,
pues el quinto Enrique le arranca ya el bozal
de castigo a la licencia, y el perro fiero
le hincará el colmillo al inocente.
¡Ah, mi pobre reino, enfermo de luchas civiles!
Si mi cuidado no ha impedido tus desórdenes,
¿qué harás cuando el desorden sea tu cuidado?