Enrique IV
Enrique IV con cuántas ansiedades la he llevado.
Sobre ti descenderá con más quietud,
mayor respaldo, más afianzamiento,
pues todo el fango de esta adquisición
conmigo se hundirá en la tierra. ParecÃa en mÃ
un honor con mano indómita arrancado,
y muchos aún vivÃan reprochándome
el haberlo alcanzado con su ayuda,
lo que acabó en disputas continuas y sangrientas
que herÃan la supuesta paz. Ves que he respondido
a estas amenazas con gran riesgo,
pues todo mi reinado ha sido escena
de este drama. Y ahora mi muerte
cambia el tono, pues lo que alcancé
recae con más justicia sobre ti,
que llevarás la corona por herencia.
Mas, aun estando más firme que yo pude,
no lo estás del todo, pues viven los agravios,
y todos mis amigos, que debes hacer tuyos,
perdieron hace poco los dientes y aguijones
con cuya acción violenta me encumbré,
mas su fuerza inspiraba en mà el temor
de verme derribado; para impedirlo
se los corté, y ahora tenÃa el propósito
de llevar a Tierra Santa a muchos de ellos,
no fuera que el reposo y la inacción les hiciese
indagar mi caso. Por eso, Enrique mÃo,