Enrique IV
Enrique IV Si me serraran en pedazos, saldrían cuatro docenas de varas de ermitaño barbudo como Roberto Simple. Es asombroso ver la consonancia de espíritu que hay entre él y sus criados. Ellos, de observarle, se comportan como jueces tontos, y él, de tratarse con ellos, se ha vuelto criado judicial. De tanta convivencia, es tal su conjunción de espíritu que se congregan al unísono, como los gansos bravos. Si le fuese a pedir algo a maese Simple, camelaría a sus criados con la invención de que son íntimos de su amo. Si se lo pidiera a ellos, halagaría a maese Simple diciéndole que no hay quien los domine mejor. Está visto que la sabia conducta o el necio proceder se contagian como las enfermedades; por eso, que la gente mire bien con quién anda. Con este Simple ya tengo tema para hacer que el príncipe se ría sin parar hasta que pasen seis modas, es decir, cuatro trimestres o dos pleitos, incluidas las vacaciones judiciales. ¡Lo que hace una mentira con un leve juramento y una broma con la cara seria en quien jamás conoció el dolor de espaldas! ¡Ah, ya veréis cómo se ríe hasta que la cara se le ponga como capa mojada y sin tender!
SIMPLE [dentro]
¡Sir Juan!
FALSTAFF
¡Voy, maese Simple! ¡Voy, maese Simple!
Sale.