Enrique IV
Enrique IV No te conozco, anciano; vete a rezar.
¡Qué mal sientan las canas a un bufón!
Soñé con tal hombre mucho tiempo,
tan hinchado, tan viejo y malhablado,
mas, ya despierto, el sueño me repugna.
Desde hoy mengua el cuerpo y aumenta la virtud,
deja de atracarte y piensa que la tumba
se abre para ti tres veces más que para otros.
No me respondas con ninguna bufonada,
no imagines que soy ahora el que he sido,
pues Dios sabe, y el mundo lo verá,
que ya he repudiado al que antes fui
y que lo haré con mis antiguas compañías.
Cuando oigas que soy como era antes,
acércate y serás como tú fuiste,
el maestro y nutridor de mis desórdenes.
Hasta entonces te destierro, bajo pena capital,
lo mismo que a mis otros corruptores,
a diez millas de distancia dé tu rey.
Os daré lo necesario para que viváis
sin que la pobreza os lleve al mal
y, cuando sepa que os habéis reformado,
seréis favorecidos según vuestra aptitud
y vuestros méritos. Milord, encargaos
de que tengan cumplimiento mis palabras.
Prosigamos.
Sale el REY [con su séquito].