Enrique IV
Enrique IV bastará que hablen sus heridas abiertas,
las heridas que animoso recibió
cuando, en los juncos que bordean al dulce Severn,
en combate singular, cuerpo a cuerpo,
consumió buena parte de una hora
enzarzado a estocadas con el gran Glendower.
Tres veces descansaron y tres veces bebieron,
por acuerdo, de las rápidas aguas del Severn,
que, aterrado por sus rostros sangrientos,
corría asustado entre los juncos temblorosos
y escondía en su cauce su rizada cabeza,
manchado con la sangre de estos dos valientes.
Jamás la ruin e infame astucia
se disfrazó con heridas tan mortales,
ni jamás pudo el noble Mortimer
recibir tantas, y todas de buen grado.
Así que no se le acuse de traición.
REY
Lo que dices de él es falso, Percy, falso:
él nunca peleó contra Glendower.
La misma gana tiene de luchar contra el diablo
que de enfrentarse a Owen Glendower.
¿No te da vergüenza? Muchacho, desde hoy
no me hables nunca más de Mortimer.
Envíame tus prisioneros cuanto antes
o las noticias que de mí recibas
no te gustarán.— Northumberland,