Hamlet, Principe de Dinamarca
Hamlet, Principe de Dinamarca (Ruido dentro. Entra un mensajero.)
REINA.—¡Ah! ¿Qué ruido es ese?
REY.—¡Mi guardia suiza! ¡Que defiendan la puerta! ¿Qué ocurre?
MENSAJERO.—Salvaos, señor. El océano, rebasando sus orillas, no sumerge los llanos con más Ãmpetu que Laertes, con sus amotinados, arrolla a vuestra guardia. La chusma le llama señor y, cual si el mundo fuese a empezar hoy y no hubiera costumbres ni pasado (garantÃa y sostén de las palabras), gritan: «¡Elijamos nosotros! ¡Laertes será rey!» Al cielo vuelan gorros, aplausos y vÃtores: «¡Laertes será rey, Laertes rey!»
REINA.—¡Qué alegres ladran tras la pista falsa! ¡Rastreáis al revés, perros daneses!
(Ruido dentro.)
REY.—¡Han roto las puertas!
(Entra Laertes con sus secuaces.)
LAERTES.—¿Dónde está ese rey? —Quedaos todos fuera.
SECUACES.—No, entremos.
LAERTES.—Dejadme, os lo ruego.
SECUACES.—Muy bien, señor.
LAERTES.—Gracias. Guardad la puerta.
(Salen los secuaces.)
¡Ah, vil rey! ¡Dadme a mi padre!
REINA.—Quieto, buen Laertes.