Hamlet, Principe de Dinamarca
Hamlet, Principe de Dinamarca REY.—Buen Laertes, si deseas conocer la verdad de la muerte de tu padre, ¿está escrito en tu venganza que tu juego barra de montón a amigo y enemigo, al que gane y al que pierda?
LAERTES.—Sólo a sus enemigos.
REY.—¿Quieres conocerlos?
LAERTES.—A sus amigos les abro los brazos y, como el pelÃcano, generoso les daré vida y alimento con mi sangre[31].
REY.—Ahora hablas como un buen hijo y todo un caballero. Que soy inocente de la muerte de tu padre y la he llorado con honda tristeza entrará tan de lleno en tu razón como el dÃa en tus ojos.
(Ruido dentro.)
VOCES.—(Dentro.) ¡Dejadla pasar!
LAERTES.—¿Eh? ¿Qué ruido es ese?
(Entra Ofelia como antes.)
¡Fiebre, sécame el cerebro! ¡Lágrimas amargas, quemadme el sentido y poder de mis ojos! Juro que tu demencia será pagada en peso hasta que la balanza se incline de mi lado. ¡Rosa de mayo, querida doncella, hermana, Ofelia! ¡Dios! ¿Es posible que un juicio tan tierno sea tan mortal como la vida de un anciano? El amor nos perfecciona, y nos hace enviar una valiosa parte nuestra tras el ser al que amamos.
OFELIA.—(Canta.)
Su ataúd descubierto va,