Hamlet, Principe de Dinamarca
Hamlet, Principe de Dinamarca HAMLET.—¡Pero si estaban prendados de su oficio! No me rozan la conciencia. Su caÃda resulta de su propia intromisión. El inferior corre peligro atravesándose entre los fieros golpes y estocadas de rivales poderosos.
HORACIO.—¡Qué rey es este!
HAMLET.—¿No crees que ya es mi turno? Mata a mi padre, prostituye a mi madre, se mete entre la elección y mi esperanza y a mi propia vida le echa el anzuelo con toda esa maña. ¿No serÃa de conciencia pagarle con mi brazo? ¿Y no serÃa condenarse permitir que esta úlcera se extienda y siga corrompiendo?
HORACIO.—Tendrá pronto noticias de Inglaterra informándole de todo lo ocurrido.
HAMLET.—Muy pronto. Pero el intervalo es mÃo. Una vida no dura más que decir «uno». Pero me ha dolido mucho, buen Horacio, haberme propasado con Laertes, pues en el rostro de mi causa puedo ver el reflejo de la suya. Me ganaré su favor. Sin embargo, sus alardes de angustia dispararon mi arrebato.
HORACIO.—¡Chsss! ¿Quién viene?
(Entra el joven Osric.)
OSRIC.—Alteza, sed muy bienvenido a Dinamarca.
HAMLET.—Con humildad os lo agradezco. —¿Conoces a esta libélula?
HORACIO.—No, mi señor.