Hamlet, Principe de Dinamarca
Hamlet, Principe de Dinamarca FRANCISCO.—Bernardo. Quedad con Dios.
(Sale.)
MARCELO.—¡Eh, Bernardo!
BERNARDO.—¡Eh! Oye, ¿está ahà Horacio?
HORACIO.—Parte de él.
BERNARDO.—Bienvenido, Horacio. Bienvenido, Marcelo.
MARCELO.—¿Se ha vuelto a aparecer eso esta noche?
BERNARDO.—Yo no he visto nada.
MARCELO.—Dice Horacio que es una fantasÃa, y se resiste a creer en la espantosa figura que hemos visto ya dos veces. Por eso le he rogado que vigile con nosotros el paso de la noche, para que, si vuelve ese aparecido, confirme que lo vimos y le hable.
HORACIO.—¡Bah! No vendrá.
BERNARDO.—Siéntate un rato y deja que asediemos tus oÃdos, tan escudados contra nuestra historia, diciéndote lo que hemos visto estas dos noches.
HORACIO.—Muy bien, sentémonos y oigamos lo que cuenta Bernardo.
BERNARDO.—Anoche mismo, cuando esa estrella que hay al oeste de la polar se movÃa iluminando la parte del cielo en que ahora brilla, Marcelo y yo, con el reloj dando la una…
(Entra el Espectro.)
MARCELO.—¡Chsss! No sigas: mira, ahà viene.
