Hamlet
Hamlet HAMLET.— ¡Oh! Maravilloso hijo, que asà ha podido aturdir a su madre. Pero, dime, ¿esa admiración no ha traÃdo otra consecuencia? ¿No hay algo más?
RICARDO.— Sólo que desea hablaros en su gabinete antes que os vais a recoger.
HAMLET.— La obedeceré, si diez veces fuera mi madre. ¿Tienes algún otro negocio que tratar conmigo?
RICARDO.— Señor, yo me acuerdo de que en otro tiempo me estimabais mucho.
HAMLET.— Y ahora también. Te lo juro, por estas manos rateras.
RICARDO.— Pero ¿cuál puede ser el motivo de vuestra indisposición? Eso, por cierto, es cerrar vos mismo las puertas a vuestra libertad, no queriendo comunicar con vuestros amigos los pesares que sentÃs.
HAMLET.— Estoy muy atrasado.
RICARDO.— ¿Cómo es posible, cuándo tenéis el voto del rey mismo para sucederte en el trono de Dinamarca?
HAMLET.— SÃ, pero mientras nace la yerba… Ya es un poco antiguo el tal refrán. ¡Ah! Ya están aquà las flautas.
Cómico 3.º y dichos.