Hamlet
Hamlet CLAUDIO.— No es más que un lazo en el sombrero de la juventud, pero que la es muy necesario, puesto que asà son propios de la juventud los adornos ligeros y alegres, como de la edad madura las ropas y pieles que se viste, por abrigo y decencia… Dos meses ha que estuvo aquà un caballero de NormandÃa. Yo conozco a los franceses muy bien, he militado contra ellos, y son por cierto buenos jinetes, pero el galán de quien hablo era un prodigio en esto. ParecÃa haber nacido sobre la silla, y hacÃa ejecutar al caballo tan admirables movimientos, como si él y su valiente bruto animaran un cuerpo solo; y tanto excedió a mis ideas, que todas las formas y actitudes que yo pude imaginar no negaron a lo que él hizo.
LAERTES.— ¿DecÃs que era normando?
CLAUDIO.— SÃ, normando.
LAERTES.— Ese es Lamond, sin duda.
CLAUDIO.— El mismo.
LAERTES.— Le conozco bien y es la joya más preciosa de su nación.