Hamlet
Hamlet HAMLET.— ¡Ilusiones vanas! Especie de presentimientos, capaces sólo de turbar un alma femenil.
HORACIO.— Si sentÃs interiormente alguna repugnancia, no hay para qué empeñaros. Yo me adelantaré a encontrarlos y les diré que estáis indispuesto.
HAMLET.— No, no… Me burlo yo de tales presagios. Hasta en la muerte de un pajarillo interviene una providencia irresistible. Si mi hora es llegada, no hay que esperarla; si no ha de venir ya, señal que es ahora, y si ahora no fuese, habrá de ser después: todo consiste en hallarse prevenido para cuando venga. Si el hombre, al terminar su vida, ignora siempre lo que podrÃa ocurrir después, ¿qué importa que la pierda tarde o presto? Sepa morir.
HAMLET, Horacio, Claudio, Gertrudis, Laertes, Enrique,
CABALLEROs, damas y acompañamiento.
CLAUDIO.— Ven, Hamlet, ven, y recibe esta mano que te presento.
Hace que Hamlet y Laertes se den la mano.