Hamlet
Hamlet LAERTES.— ¡Justo castigo!… Él mismo preparó la poción mortal… Olvidémonos de todo, generoso Hamlet, y… ¡Oh, no caiga sobre ti la muerte de mi padre y la mÃa, ni sobre mà la tuya!
Cae muerto.
HAMLET.— El cielo te perdone… Ya voy a seguirte. Yo muero, Horacio… [Abrazando el cadáver de Gertrudis] Adiós, reina infeliz… Vosotros que asistÃs pálidos y mudos con el temor a este suceso terrible… Si yo tuviera tiempo… [Empieza a manifestar desfallecimiento y angustias de muerte. Parte de los circunstantes le acompaña y le sostiene. Hace extremos de dolor] La muerte es un ministro inexorable que no dilata la ejecución… Yo pudiera deciros… Pero no es posible. Horacio, yo muero. Tú, que vivirás, refiere la verdad y los motivos de mi conducta a quien los ignora.
HORACIO.— ¿Vivir? No lo creáis. Yo tengo alma romana, y aún ha quedado aquà parte del tósigo.
Busca en la mesa el jarro del veneno, echa porción de él en una copa, va a beber.
HAMLET quiere estorbárselo. Los criados quitan la copa a Horacio,
la toma Hamlet y la tira al suelo.