Hamlet
Hamlet MARCELO.— Más, más estuvo.
HORACIO.— Cuando yo le vi, no.
HAMLET.— La barba blanca, ¿eh?
HORACIO.— SÃ, señor, como yo se la habÃa visto cuando vivÃa; de un color ceniciento.
HAMLET.— Quiero ir esta noche con vosotros al puesto, por si acaso vuelve.
HORACIO.— ¡Oh! Sà volverá, yo os lo aseguro.
HAMLET.— Si él se me presenta en la figura de mi noble padre yo le hablaré, aunque el infierno mismo abriendo sus entrañas me impusiera silencio. Yo os pido a todos que, asà como hasta ahora habéis callado a los demás lo que visteis, de hoy en adelante lo ocultéis con el mayor sigilo; y sea cual fuere el suceso de esta noche, fiadlo al pensamiento, pero no a la lengua; y yo sabré remunerar vuestro celo. Dios os guarde, amigos. Entre once y doce iré a buscaros a la muralla.
TODOS.— Nuestra obligación es serviros.
HAMLET.— SÃ, conservadme vuestro amor y estad seguros del mÃo. Adiós. [Vanse los tres]. El espÃritu de mi padre… con armas… no es esto bueno. Recelo alguna maldad. ¡Oh! ¡Si la noche hubiese ya llegado! Esperémosla tranquilamente, alma mÃa. Las malas acciones, aunque toda la tierra las oculte, se descubren al fin a la vista humana.