Hamlet
Hamlet POLONIO.— ¡Amor! ¡Ah! Tú hablas como una muchacha loquilla y sin experiencia, en circunstancias tan peligrosas. ¡Ternura la llamas! ¿Y tú das crédito a esa ternura?
OFELIA.— Yo, señor, ignoro lo que debo creer.
POLONIO.— En efecto es asÃ, y yo quiero enseñártelo. Piensa bien que eres una niña, que has recibido por verdadera paga esas ternuras que no son moneda corriente. EstÃmate en más a ti propia, pues si te aprecias en menos de lo que vales (por seguir la comenzada alusión) harás que pierda el entendimiento.
OFELIA.— Él me ha requerido de amores, es verdad, pero siempre con una apariencia honesta, que…
POLONIO.— SÃ, por cierto, apariencia puedes llamarla. ¿Y bien? Prosigue.
OFELIA.— Y autorizó cuanto me decÃa con los más sagrados juramentos.