Hamlet
Hamlet GUILLERMO.— Uno y otro obedeceremos, y postramos a vuestros pies con el más puro afecto el celo de serviros que nos anima.
CLAUDIO.— Muchas gracias, cortés Guillermo. Gracias, Ricardo.
GERTRUDIS.— Os quedo muy agradecida, señores, y os pido que veáis cuanto antes a mi doliente hijo. [A los criados]. Conduzca alguno de vosotros a estos caballeros, a donde Hamlet se halle.
GUILLERMO.— Haga el cielo que nuestra compañÃa y nuestros conatos puedan serle agradables y útiles.
GERTRUDIS.— SÃ, amén.
Claudio, Gertrudis, Polonio, acompañamiento.
POLONIO.— Señor, los embajadores enviados a Noruega han vuelto ya, en extremo contentos.
CLAUDIO.— Siempre has sido tú padre de buenas nuevas.
POLONIO.— ¡Oh! Sà ¿No es verdad? Y os puedo asegurar, venerado señor, que mis acciones y mi corazón no tienen otro objeto que el servicio de Dios, y el de mi rey; y si este talento mÃo no ha perdido enteramente aquel seguro olfato con que supo siempre rastrear asuntos polÃticos, pienso haber descubierto ya la verdadera causa de la locura del prÃncipe.
CLAUDIO.— Pues dÃnosla, que estoy impaciente de saberla.
