La fierecilla domada
La fierecilla domada (Mientras Curtis enciende fuego.) Pasa que se hiela. Pasa que el único oficio bueno es el de fogonero: el tuyo. Por consiguiente, atiza. Haz tu deber y hallarás recompensa. Mi amo y mi ama están medio muertos de frÃo.
CURTIS:
Ya tienes el fuego encendido, conque ahora, mi buen Grumio, vengan las noticias.
GRUMIO:
¡Tantas noticias cuantas quieras con música de «Jacobo, muchacho!, ¡eh, muchacho!».
CURTIS:
¡Siempre el mismo! En embaucar a los demás no hay otro.
GRUMIO:
Pero como el agua está terriblemente frÃa, ¡atiza el fuego de firme! Por cierto, ¿dónde está el cocinero? ¿Está la sopa lista, la casa en condiciones, el piso esterado y barridas las telas de araña? ¿Se han puesto los criados los trajes nuevos, las medias blancas y cuantos hayan de servir el traje de boda? Las marmitas, ¿están bien limpias por dentro y los marmitones por fuera? ¿Tienen las mesas manteles? ¿Está todo preparado?
CURTIS:
¡Todo! Por consiguiente, ¡habla, hombre!
GRUMIO: