La fierecilla domada
La fierecilla domada VINCENTIO:
¿Cómo, solemne pícaro? ¿Que no has visto jamás a Vincentio, el padre de tu amo?
BIONDELLO:
Al anciano y venerable padre de mi amo, cierto que sí. Como que ahora mismo, vedle vos, está asomado a esa ventana.
VINCENTIO: (Pegándole.)
¿De veras? ¿Pero de veras?
BIONDELLO:
¡Socorro! ¡Socorro! ¡Socorro contra un loco que me quiere asesinar! (Escapa a todo correr.)
EL PEDAGOGO:
¡Socorro, hijo mío! ¡Socorro, señor Bautista! (Cierra la ventana.)
PETRUCHIO:
Apartémonos un poco, Lina, te lo ruego. Pero quedémonos para ver el fin de la querella. (El Pedagogo, rodeado de criados enarbolando garrotes, aparece. Y tras él Bautista y Tranio.)
TRANIO:
¿Quién sois, señor, que os atrevéis a pegar a mi criado?
VINCENTIO: