La fierecilla domada
La fierecilla domada BAUTISTA: (deteniéndola.)
¿Aún? ¿Y ante mis propios ojos? Vete a tu cuarto, Blanca. (Blanca sale.)
CATALINA:
¡Claro! ¡Como que a mí no me podéis soportar! No hay duda. Vuestro tesoro es ella. Y, naturalmente, preciso es que tenga un marido. La queréis tanto a ella, que a mí cuanto me queda es bailar descalza el día de la boda y llevar manos al infierno… No, no me digáis nada. Me iré, sí; me tiraré al suelo y lloraré hasta que llegue el momento de mi venganza. (Sale.)
BAUTISTA:
¿Hubo jamás hombre más desdichado que yo? Pero ¿quién va? (Entran Gremio y Lucentio, éste vestido humildemente y transformado en CAMBIO, maestro de escuela, y tras ellos Petruchio, acompañado de Hortensio, que a su vez se ha cambiado en LICIO, maestro de música; y Tranio, que hace el papel de Lucentio, y que llega acompañado de su paje Biondello, que trae un laúd y varios libros.)
GREMIO:
Buenos días, vecino Bautista.
BAUTISTA:
Buenos días, vecino Gremio… Dios os guarde, señores.
PETRUCHIO: