La fierecilla domada
La fierecilla domada Contad conmigo, señor.
LORD:
(Viendo a Sly.) Pero ¿qué es esto? ¿Un muerto o un borracho? Mirad a ver si respira.
SEGUNDO MONTERO:
Respira, respira, señor. Y por fortuna para él, la cerveza le calienta. De otro modo, difícil que durmiese tan profundamente en cama tan fría.
LORD:
¡Qué bruto! Ahí le tenéis, tumbado como un cerdo. Innoble y repugnante imagen de la sombría muerte. Pero me voy a divertir con este borracho. Vamos a ver: ¿creéis que transportado a una buena cama, entre sábanas finas, anillos en los dedos, una mesa suculenta junto a él al abrir los ojos y en torno criados de librea; creéis, digo que este mendigo olvidaría lo que es?
PRIMER MONTERO:
¡Qué duda cabe, señor! Cómo querríais que ocurriese otra cosa.
SEGUNDO MONTERO:
¡Y qué sorpresa al despertar!
LORD:
